Álvaro Medina y su yegua

Por Horacio Corro Espinosa

Cuando se trata de hacerlo, duele criticar a los amigos porque no existe la crítica constructiva. La crítica es eso: crítica. Hago esta reflexión porque me he atrevido a hablar de mi amigo Álvaro Medina Sánchez.

A Álvaro le tengo mucho aprecio y un gran reconocimiento porque no es fácil llegar a donde él se encuentra. Él viene de un mundo de muchas carencias y limitaciones económicas. Salir de ahí y llegar a tener un nombre ante la sociedad, no cualquier persona lo logra. A Medina Sánchez eso hay que aprenderle.

Cuando él ingreso a esto del periodismo, me acuerdo que todos le dijimos palabras más palabras menos: ¿estás seguro que quieres entrar a esto? Porque aquí no hay lana, apenas si te da para medio pasártela en lo económico. Y Álvaro respondía: Si, si me gusta. Y quiero aprender porque sé que esto es lo mío.

En Huajuapan, hay un buen número de seudo periodistas que han prostituido este noble oficio. Y eso, los lectores, los radiescuchas, los televidentes lo saben, sin embargo, muchos de estos seudo reporteros, se lucen en las redes sociales al decir que son los que han andado en las grandes batallas de la información, cuando muchas veces se piratean las notas de otros medios y la presentan como propia.

Hay otros que agreden a las figuras públicas sin tener prueba alguna con tal de conseguir dinero, y cuando les arrojan unas cuantas monedas al piso, comienzan a hablar maravillas del fulano de las importancias. Mucho de ese periodismo se hace en Huajuapan.

En el caso de Álvaro Medina, muchos aseguran que lo que él tiene se lo debe al presidente municipal Luis de Guadalupe Martínez Ramírez. Es probable, como también es posible que a nuestro personaje le esté ganando la ambición o el apetito por las rápidas ganancias, pasando sobre el respeto que le tenía al periodismo.

En la entrevista que le hicieron mis compañeros Denise Luengas, Paco Guevara y Gerardo Cruz, me llamó la atención que Álvaro dijera que una empresa le había comprado su producto en su totalidad. Lo sorprendente es que esa empresa que no tiene nombre le haya comprado un producto tan fatalito. No sé en qué condiciones auditivas y de preparación se encontrarán los compradores para adquirir algo tan malo.

Sólo a un loco se le ocurre comprar un juguete, como una moto o un auto, por ejemplo, para que otro lo disfrute.

Tener una estación de radio, aunque sea pirata, es como tener una novia. A esta se le abraza, se le dicen cosas bonitas para enamorarla todos los días hasta conocerla. Nadie tiene una novia para que otro te la dome, porque parece que ese es el caso de Álvaro con la empresa fantasma.

Parece que la tarea de Álvaro es domesticar a la yegua del dueño. ¿Apoco al dueño no le darán ganas de montársela aunque sea una vez?

Es probable que Medina Sánchez y el dueño de la yegua, tengan una relación enfermiza o tormentosa, porque el reportero ha ido a Oaxaca con la intención de comprarle ropa interior a la susodicha.

Es más, le quiso comprar un calzón con Jaime Velázquez, director de los noticieros Radiorama, al decirle que quería un tiempo de su noticiero para retransmitirlo en su medio.

Parece medio chiflado querer comprar un espacio de internet para retransmitirlo otra vez en internet. No le veo el caso.

Esa compra se hace cuando se va a transmitir a través del espacio, y va a caer a un aparato que capta las ondas que rasgan el aire.

No cabe duda que Álvaro nació con mucha suerte. No a cualquiera le compran su malo o buen producto. Tampoco es fácil encontrarse a un buen mecenas, a una buena persona que le patrocina todos sus gustos como tener un periódico, hacerla de consejero, resolver asuntos municipales y ahora, que le deje administrar su nuevo negocio: una radio abierta.

¡Eso es suerte!

 

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