De campañas politicas, trolles y otras mugres

Las otras verdades / Eduardo Cruz Silva / APIM

La enciclopedia libre  Wikipedia señala que en la jerga de Internet, un trol1  describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como ser un foro de discusión, sala de chat, comentarios de blog, o similar, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios y lectores.

Según la Universidad de Indiana son una comunidad en aumento. El troll puede crear mensajes con diferente tipo de contenido como groserías, ofensas, mentiras difíciles de detectar, con la intención de confundir y ocasionar sentimientos encontrados en los demás.

Señalamos lo anterior,  toda vez, que en Oaxaca hemos entrado a un proceso electoral para renovar la gubernatura del estado, el congreso local y 570 ayuntamientos. De todo ese universo, 417 se rigen por el sistema de usos y costumbres y 153 eligen a sus autoridades municipales por el sistema de partidos políticos. Un tiempo electoral que ha comenzado a distinguirse por sus  guerras de lodo y estiércol en medios de comunicación y el mundo del internet.

El uso de las redes sociales para posicionar la imagen de los candidatos ante los electores, tiene también su cara oscura, pues es el espacio idóneo, en donde fluyen libremente  los ataques con argumentos ciertos o falsos en contra de los aspirantes a puestos de elección popular.  Ya nadie escapa al escrutinio de una sociedad que al tener en sus manos la tecnología de difundir lo que sea al ciberespacio, también arroja al mundo virtual lo peor de sí.

En años recientes, el anonimato que ofrece el internet y las redes sociales permite que empatados a los procesos electorales surjan a escena los llamados trolles que se dedican literalmente a denostar, denigrar o calumniar a los adversarios políticos. Se sabe que ya hay empresas en México de marketing político que en su catálogo de servicios ofrecen equipos dedicados única y exclusivamente a la guerra sucia con trolles.

De igual manera, de la noche a la mañana se puede observar que aquellos que utilizan estos servicios para hacerse notar en el pervertido mundo de la política, incrementan exponencialmente su número de seguidores (la mayoría de ellos sin rostro), que se dedican a lanzar estiércol a los cuatro vientos en contra de aquel que ose cuestionar o expresar un punto de vista diferente al que defienden.

Los periodistas no estamos exentos de ser incluidos en este  malsano y perverso juego, ya que de igual manera, de la noche a la mañana se incrementan  el número de solicitudes de amistad o de seguidores. En el fondo, lo único que se busca es que  los medios de comunicación y periodistas se conviertan en cajas de resonancia de los intereses de los candidatos  en turno.

La información que fluye es la mesas de redacción, la  más de las veces es basura (paja se dice en el argot del periodismo). Mientras tanto, en las redes sociales  se libra una batalla que más bien parece un concurso, para ver quien arroja más lodo sobre su adversario político. A eso se han reducido las campañas políticas en Oaxaca y México.

Desde que inicio el presente proceso electoral en Oaxaca, las propuestas de trabajo y el proyecto político de los precandidatos y candidatos no se ven por ningún lado. Todo lo que encontramos es eslogan, frases trilladas o fotos que nada dicen y que se repiten una y otra vez, como si fuesen dirigidas a una sociedad descerebrada o sin memoria.

Todo lo anterior, es materia prima para aquellos que cobijados en el anonimato del internet y vestidos con sus trajes de troll se dedican día y noche a lanzar basura en contra en contra de sus rivales. Para ellos el valor civil no existe, menos el dar la cara para confrontar las diferencias o desacuerdos.

El esconderse en el ciberespacio  con un nombre equis, solo demuestra la falta de valor  y ya no se diga de un raciocinio congruente entre el decir y el actuar de sus autores, pues escondidos en la penumbra del cobarde anonimato no se puede realizar ese juicio. Para ellos, su máxima es una expresión que llegó hasta nosotros a través del filósofo y escritor inglés Francis Bacon: “Calumniad con audacia; siempre quedará algo”.