El consuelo del gobierno de Oaxaca

Por Horacio Corro Espinosa

Tener la autoridad es responder a la confianza que se le da a una persona o a varias para que ejerzan el mando y hagan cumplir las leyes o normas que garanticen el buen funcionamiento de una institución. Si no responden a ese compromiso, quiere decir que están renunciando a tal responsabilidad.

Cuando esos funcionarios no para que ejerzan el mando y hagan cumplir las leyes o normas que garanticen tener la autoridad es responder a la confianza que se le da una persona una varillas para que ejerzan el mando y hagan cumplir las leyes o normas que garanticen el buen funcionamiento de la institución y no responden a ese compromiso quiere decir que están renunciando a tal responsabilidad reaccionan a sus obligaciones, no son dignos de seguir cargando la investidura que se les dio.

Asimismo, cuando los representantes de gobierno empiezan a hacer declaraciones sin tener en cuenta los sentimientos de la ciudadanía, es signo de que ya perdió la visión panorámica de lo que sufre la gente, y por lo mismo, les impide pensar en todos los ciudadanos.

El viernes, el gobernador Alejandro Murat, dijo que su gobierno está alerta ante la inseguridad, pero alegó que la Embajada Americana no tiene registrada a la entidad oaxaqueña como un lugar inseguro.

Ante esta declaración, no queda más que preguntarse: ¿y qué hacemos, pues? Si el parámetro de nuestro gobernador son los gringos y no los oaxaqueños.

Mientras Estados Unidos no nos fije como una entidad peligrosa, tenemos que esperar a que el insuficiente número de asesinatos registrados en los dos últimos meses —poco más de los 250—, se incrementen para que el país norteño nos ponga a lado de los estados más peligrosos de México. Mientras tanto no pasa nada.

Las palabras del gobernador parecen decirnos que debemos esperar a que mejore la situación de violencia en Oaxaca, o cambie por sí sola.

Desde hace varias semanas algunos políticos y empresarios, comenzaron a levantar la voz para que las autoridades encargadas de la seguridad en la entidad pusieran más atención a este problema, pero el gobernador no está considerando la inseguridad y el temor que ya vive el pueblo.

Por otro lado, el Fiscal de justicia en el Estado de Oaxaca, Rubén Vasconcelos Méndez, asegura que todavía no se desborda la delincuencia porque aún “no tenemos en la capital del estado un crecimiento del número de homicidios dolosos”.

Aquí habrá que decirle al fiscal, que la capital del estado no es todo Oaxaca. Me extraña que él, de los pocos oaxaqueños dentro de este gobierno, no sepa que la entidad no es solo la capital del estado.

Habrá que preguntarle también si ya se dio cuenta del número de cuerpos desmembrados que han aparecido en varios sitios, de los robos a casa habitación y a los negocios, de los narco mensajes, de los asaltos a vehículos, de los asesinatos a ocupantes de vehículos en movimiento, de los crímenes por robo en viviendas, de los cristalazos a vehículos, de los cientos de robos de teléfonos celulares, de la complicidad de rateros con la policía, y etcétera.

¿Y qué dice José Raymundo Tuñón Jáuregui, titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca? Pues asegura que “no estamos del todo mal”. ¿Cómo la ven? ¿Estará enterado este señor, que ayer domingo hallaron 8 cuerpos sin vida en el Istmo de Tehuantepec, mientras en Juchitán fueron ejecutados dos hermanos?

Los dizque expertos en el tema de seguridad que trajo Murat a Oaxaca, solo han dado muestras de su analfabetismo en el conocimiento de la entidad. Andan más preocupados en su calenturas carnales que en darnos seguridad y confianza.

El tema de la seguridad ha sido minimizado por estos funcionarios, quienes no han querido escuchar lo que dicen los empresarios, los diputados, los representantes de partidos políticos, los comerciantes, las amas de casa, los estudiantes, en fin.

Pero no hay problema, ¿verdad? Lo que vive Oaxaca no es para tanto si nos comparan con otros estados del país. Y el problema disminuye mucho más, si los Estados Unidos no nos señalan como entidad peligrosa.

Ojalá el gobernador comience a poner los ojos sobre la gente oaxaqueña, y olvide aquello de mal de muchos, consuelo de tontos.

 

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