Leaving Neverland, largometraje de testimonios de abuso sexual a menores por Michael Jackson | Informativo 6y7

A mediados del mes de marzo llegó a América Latina el documental de la cadena HBO que desde su anuncio generó tanta expectativa como polémica. Se trata de Leaving Neverland, largometraje que fue dividido en dos partes de 2 hs cada una y que consiste en una serie de testimonios de dos -aún supuestas- víctimas de abuso sexual de Michael Jackson, cuando se encontraba en la cima de su popularidad y éxito. de abuso sexual a menores

Sería una hipocresía decir que jamás hemos bailado o cantado alguno de los muchos hits del Rey del pop como “Beat it” o “Billie Jean” ya sabiendo de las acusaciones datan desde 1993, pero aun así el documental coloca al músico bajo una nueva luz, dando a conocer detalles que no se conocían y que pocos imaginaban. En este caso, los encargados de prestar sus historias son Wade Robson y James Safechuck, quienes en distintos períodos de tiempo fueron apadrinados artísticamente por Michael Jackson cuando eran niños de siete y doce años respectivamente.

Como obra cinematográfica, queda claro que Leaving Neverland apuesta mucho más al contenido que a la forma, ya que es de una realización bastante simple y sigue los pasos de un documental tradicional. Y si bien es discutible, el aproximamiento que hace al delicado tema de la pedofilia es directo y sin tapujos, puesto que ofrece una serie de descripciones completamente explícitas y gráficas de los abusos cometidos por el cantante.

Todos estos testimonios son contados en primera persona por las mismas víctimas, haciendo un doloroso repaso a lo largo de años y años de situaciones que, en muchos casos, fueron reprimidas por las víctimas, o bien, interpretadas como “muestras de amor puro”, según relataron los protagonistas. En tanto, la manipulación emocional a la que fueron sometidos ambos niños y sus familias resulta casi tan aberrante como los abusos en sí. El documental es más que simplemente una enumeración de actos sexuales realizados por un hombre de treinta y tres años a un niño de siete, sino que las sensaciones que provoca – que lindan entre el morbo y la indignación – hacen que este sea su aspecto más llamativo.

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¿Por qué entonces fue necesario un documental de cuatro horas para que la gente terminara de abrir los ojos? A partir de su surgimiento se dieron una serie de hechos en ámbitos muy distintos en los que se cambió la relación, de manera repentina, con la música del autor de Thriller. La radio Metro dejó de pasar sus canciones, la cadena Fox levantó el episodio de Los Simpson donde Jackson presta su voz y el equipo de la NBA Los Ángeles Lakers dejó de utilizar “Bad” para animar al público durante el descanso de medio tiempo.

Como ya se mencionó antes, las primeras acusaciones tienen más de veinticinco años, y mucho se habló sobre los procesos judiciales por los que Michael Jackson tuvo que pasar hasta su inesperada muerte en 2009. ¿Por qué abolir su música ahora? Es posible que ver los rostros de esas personas repasando de forma extremadamente detallada la innumerable cantidad de abusos de toda índole sea el clavo final para sepultar la leyenda de esta estrella, a quien siempre la rodeó un manto de dudas, pero que nunca había sido condenada socialmente.

Sin embargo, resulta necesario preguntarse si sirve censurar y barrer estas canciones debajo de la alfombra, fingiendo que jamás existieron. No es la idea entrar en el infinito debate sobre si se puede separar a la obra de la persona, dado que nunca se llegará a una respuesta unánime, pero estas repentinas decisiones por parte de algunos medios llaman la atención, como si se tratara de una lavada de manos que les permita dormir tranquilos por la noche. Las canciones existen y fueron éxitos porque eran de gran calidad, así como el documental El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl es un panfleto de propaganda nazi al mismo tiempo que un gran exponente de este género que se sigue estudiando por su aporte al cine.

Es también necesario para toda una generación de fanáticos hacer un mea culpa respecto del lugar que le dieron a Michael Jackson en sus vidas y en el mundo del espectáculo, elevándolo a un nivel divino en el que le fue permitido hacer lo que quisiera con quien quisiera. Esta omnipotencia le permitió a Jackson llegar a romper familias enteras con el propósito de dormir noche tras noche con un niño, hecho que a su entorno curiosamente no le resultaba fuera de lo común. Cabe destacar que el hecho de mirar para otro lado ante los abusos, también era frecuente para quienes vivían de la máquina de hacer dinero que era el artista. Las madres de las víctimas que fueron entrevistadas para el documental fueron partícipes, por acción u omisión, de los abusos, ya que incluso la ingenuidad y la confianza tienen sus límites.

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Esta ceguera ante la humanidad de los ídolos (en el sentido que también pueden ser personas perversas como cualquier otra) es algo común a casi todas las sociedades occidentales que han endiosado figuras artísticas, políticas o deportivas. No hace mucho, a raíz de las múltiples paternidades de Diego Maradona en Cuba se dieron a conocer unas fotos de cuando el ex futbolista vivía en aquel país, en las que se lo ve desnudo con dos chicas menores de edad. ¿Será necesario un Leaving Neverland  para que la sociedad argentina deje de ser tan permisiva con el máximo ídolo popular de su historia? Aún si hubiera un documental de este estilo sobre Maradona, de poco serviría. El blindaje mediático con el que cuenta el ídolo de masas -en cuestiones que refiere a temáticas como violencia de género, homofobia y pedofilia- es prácticamente total, incluso en medios autoproclamados progresistas.

El documental, obviamente, no pasó desapercibido y los fanáticos más fieles de Michael Jackson pusieron el grito en el cielo con el hashtag de #FactsDontLiePeopleDo (los hechos no mienten, la gente sí), alegando que todas las acusaciones que hubo siempre fueron mentiras elaboradas con el objetivo de sacarle dinero al músico y ganar fama en el proceso. Incluso hay “contra-documentales” a falta de un mejor término, que intentan desmentir todo lo dicho en las cuatro horas de Leaving Neverland. Lo cierto es que Michael Jackson lleva casi una década muerto y no tiene la oportunidad de defenderse más (cabe preguntarse si acaso el documental existiría si estuviera aún vivo), y lo que queda son testimonios crudos que nos obligan a cambiar nuestra perspectiva, y un puñado de canciones que cualquiera debería poder escuchar sin sentirse juzgado moralmente.

Guido Rusconi – @KamaronBombay

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