Los honestos políticos

Por Horacio Corro espinosa

Después de varios días, muchos ya saben que el expresidente del PRI nacional, Humberto Moreira, fue detenido en España por las autoridades correspondientes en el aeropuerto de Madrid Barajas.

El arresto se debe a ” delitos de blanqueo y malversación cometidos durante su etapa como gobernador, además de cohecho y organización criminal”.

Pero como siempre, ya lo verán, el mismo Revolucionario Ins, o el mismo gobierno de nuestro país, dentro de poco, va a sacar la cara por él.

Algunos se preguntarán que cómo es posible que ese tipo de gente ocupe los cargos más importantes del país. Pues así es el negocio de la política en nuestro país: cualquier partido político siempre busca a la gente con los peores antecedentes para convertirla de un día a otro, en la persona más recta, intachable, digna del merecimiento del pueblo y, es más, los mismos políticos lo calificarán en sus discursos como el “honorable”, entre otros títulos más.

En este momento se me viene a la memoria el aspirante priísta a la gubernatura de Oaxaca Eviel Pérez Magaña, quien se refirió a Ortega Habib, en la administración de Ulises Ruiz, como “el honorable Miguel Ángel Ortega Habib”. ¡Fíjense nada más!

Ortega Habib, fue secretario de Finanzas en el gobierno de Ulises Ruiz. Hoy, anda prófugo de la justicia por el desvío de recursos de más de 1,200 millones de pesos, además de otros delitos como, abuso de autoridad, peculado y ejercicio indebido de funciones.

Sobre todos estos antecedentes ya conocidos en la misma administración de Ulises Ruiz, el hoy aspirante Pérez Magaña, le llamó “el honorable”.

Así es de sucia la política. Aunque seas el peor de los marranos, todo el aparato gubernamental te limpiará con su lengua hasta dejarte lustroso de tanta honestidad.

En todos los niveles políticos hay corrupción: saquean el erario, trafican con influencias, se sienten orgullosos de su nepotismo, son prepotentes, se asignan salarios desmesurados, desvían recursos, hacen triangulaciones, casi siempre tienen nexos con el crimen organizado y otro montón de porquerías que se permiten muchos funcionarios públicos y fungen como representantes populares.

No cabe duda que entre políticos se solapan cínicamente y no tienen medida para amasar su fortuna, mientras que más de 60 millones de mexicanos viven en la pobreza, y 20 millones en la dolorosa y extrema miseria.

Estos datos son para avergonzar a los representantes populares, y deberían sentirse preocupados, con verdadera honestidad, los que aspiran a la gubernatura de Oaxaca. Como sabemos, lo harán, pero sólo en esta etapa electoral.

Otra vez me acuerdo de Pérez Magaña. En junio del 2010, cuando andaba también en campaña, en la Facultad de Derecho de la UABJO, a la periodista Ixtli Martínez, la balearon de manera deliberada.

Entonces, ni tardo ni holgazán, el coordinador de campaña del candidato, Jorge Toledo Luis, lamentó los hechos ocurridos y le aseguró a la reportera que lo que estuviera en manos del candidato, que contará con él.

Así son los políticos, solo muestran solidaridad en las campañas políticas. Los candidatos se valen de cualquier evento para que los reflectores estén sobre su imagen y la gente no los olvide.

Siempre es lo mismo cada tres o seis años. Los que se promocionan, todos juntos, minan nuestra frágil estabilidad emocional. No hay ninguna diferencia entre un producto de belleza y un candidato. Un producto de belleza te promete desaparecerte las patas de gallo, endurecerte el busto, levantarte las pompas, etcétera. Si tú compras ese producto estas comprando ilusiones, nada más. Es lo mismo con los candidatos que se avecinan: todos te venderán ilusiones y sueños. Y el pueblo, con el espejismo, los compras por la simple necesidad para que corrijan los defectos de su tierra.

Seguramente hay políticos honestos, nadie lo duda, pero la mayoría son exfoliadores de las finanzas públicas, saqueadores, los que al amparo de la ley amasan fortunas desmesuradas sin más diques que el tamaño de sus ansias de riqueza y poder, cuando se les da la responsabilidad de cuidarlos celosamente.

A todo lo largo y ancho del país, encontramos sospechas, voces, denuncias judiciales, seguridades de impunidad, y la convicción desde la voz ciudadana de que “todos los políticos roban”.

La mayoría son saqueadores de profesión, desvían recursos destinados a emergencias como inundaciones, combate al hambre, educación, salud, infraestructura básica.

Además, se asignan salarios elevados y lo justifican al decir que es para evitar la tentación de la corrupción ante las arcas del estado. En base a esa razón, a muchos les parece razonable esta lógica. Pero no contentos todavía, retacan sus guardarropas, disfrutan de autos, propiedades inmobiliarias, viajes, lujos, y para el colmo, le entierran el diente al dinero de los ciudadanos que ellos solamente deberían administrar.

Entre periodo y periodo, se saben historias de robos tan descarados como cuantiosos, y a nadie le sorprende eso porque ellos, los políticos, han hecho que los ciudadanos perdamos la capacidad de asombro.

Hace días fue detenido Humberto Moreira, en España. En México, nunca lo hubieran tocado ni por equivocación, siquiera.

Pero cuántos hombres políticos corruptos conocidos andan sueltos hay por ahí y pocos los detenidos: Andrés Granier Melo, Humberto Moreira, desde luego, exgobernador Coahuila; Javier Duarte y Fidel Herrera en Veracruz, Yarrington de Tamaulipas, Reynoso Femat en Aguascalientes, González Canto en Quintana Roo, Juan Sabines en Chiapas, Mario Marín en Puebla, Ulises Ruiz y José Murat en Oaxaca, Beto Borge en Quintana Roo. Emilio González en Jalisco.

La lista es larga, muy larga, y la mayoría de estos personajes son de extracción priísta. Así que no hay ningún problema de ser ratero. Sus mismos compañeros le confeccionan la imagen a la medida: si es de pelos necios, lo hacen chino. Si es pobre sale rico, y si feo, con lana en la bolsa le arreglan el asuntito.

 

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