México es líder en niños obesos, y el Gobierno lo ignora; un grupo se une para enfrentar la epidemia

Por Ivette Lira/SinEmbargo

Ciudad de México, 11 de agosto (SinEmbargo).– Los niños se están desarrollando en un ambiente obesogénico que los enferma y los hace propensos a convertirse en adultos con exceso de peso, diabetes, hipertensión, dislipidemias, cáncer y muchos otros padecimientos en los que el sobrepeso y la obesidad juegan un papel fundamental.En entrevista para SinEmbargo, el doctor Salvador Villalpando Carrión, jefe del Departamento de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Infantil de México Federico Gómez, explica que los niños con exceso de peso son 3.7 veces más propensos a ser adultos obesos.

“Si tú tienes obesidad antes de los 12 años, tienes 3.7 veces más riesgo de desarrollar obesidad en la edad adulta […] Sabemos que la obesidad se relaciona con altísima prevalencia de diabetes, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal, hipertensión, alteraciones de la marcha y una menor expectativa de vida”, dijo.

México siente la gravedad del asunto y los infantes no están exentos: el país tiene colgada la medalla de oro en obesidad infantil a nivel mundial, lo dice el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef). En el territorio nacional, tres de cada 10 niños viven con exceso de peso, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2016.

El análisis arrojó una prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad infantil mayor en localidades urbanas que en rurales: 34.9 por ciento contra 29.0 por ciento.

En noviembre de 2016, en un hecho sin precedentes, el Gobierno federal decretó una alerta epidemiológica por obesidad, sobrepeso y diabetes mellitus tipo 2, pues el caso de los adultos es aún más dramático: siete de cada 10 sobrepasan su peso ideal y cada año mueren más de 105 mil a consecuencia de la diabetes.

“El sistema de salud se ha sobrecargado y por eso el actual Secretario de Salud actual [José Narro Robles], hace dos años levantó una alerta epidemiológica de un problema grave de salud que tiene que ver con el sobrepeso y obesidad”, lo cual ha ocasionado gastos excesivos para el sector y muertes prematuras.

“Casi no vemos viejitos obesos y no es porque adelgacen, lo que pasa es que se mueren”, alerta.

Expertos en salud y organizaciones de la sociedad civil han señalado una y otra vez lo que hace falta para mitigar el problema y han criticado que el Gobierno mexicano alertó, pero no ofreció soluciones. Sin embargo, el doctor Villalpando afirma que la situación es un problema que debe ser resuelto por toda la sociedad mexicana y es necesario que las personas se acerquen a sus unidades de salud a fin de obtener un diagnóstico certero que permita comenzar a atacar el padecimiento.

“Es un problema nacional y todos tenemos que entrarle de forma pareja”, destaca.

Implementar un etiquetado frontal entendible, regular la publicidad en horarios infantiles, restringir la venta y consumo de comidas y bebidas chatarra dentro de los centros escolares, poner al alcance alimentos frescos y saludables, aumentar al doble el impuesto a las bebidas azucaradas, establecer bebederos en sitios públicos y destinar recursos económicos suficientes a la prevención, son algunas de las propuestas que han emitido las organizaciones.

El médico coincide con la mayoría de esas medidas y agrega otras “sumamente efectivas y a bajo costo”: Promoción exhaustiva de la lactancia materna de seis meses a dos años, alimentación complementaria a la lactancia materna de los niños en los dos primeros años de vida y vigilancia del peso de las mujeres durante el embarazo.

“Si logramos estas tres cosas, de verdad que vamos a ver en menos de 10 años un cambio drástico en la prevalencia de obesidad y sobrepeso infantil y esto se reflejará en las siguientes generaciones en sobrepeso y obesidad en la edad adulta, enfermedad cardiovascular y diabetes”, asegura.

En la realidad de los niños mexicanos, según la Ensanut, hay poca actividad física, una alimentación baja en frutas y verduras y alta en botanas, dulces y bebidas azucaradas.

El 17 por ciento de los niños y niñas de entre 10 y 14 años de edad, es decir sólo menos de la quinta parte, realiza por lo menos una hora de actividad física moderada a vigorosa cada día de la semana, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

UN RAYO DE LUZ EN LA OSCURIDAD

De acuerdo con las estadísticas oficiales, la situación no es óptima pero, como una chispa de luz entre las tinieblas, especialistas de la Clínica de Obesidad del Hospital Infantil de México Federico Gómez hacen un esfuerzo por cambiar el panorama con el Grupo Paidos.

Cada año, el hospital atiende a unos 400 niños con problemas de exceso de peso. Desde 2008, llevan a cabo un curso de verano en el que participan entre 20 y 30 menores con obesidad. Un equipo multidisciplinario les habla de la importancia de mantener un peso saludable y les muestra el camino para lograrlo: les explican qué contienen los productos ultraprocesados y las bebidas azucaradas y por qué no es conveniente abusar de su consumo; también les dan opciones de comida saludable y les enseñan a realizar actividad física.

El doctor Villalpando Carrión indica que para mitigar el problema que tiene México, se necesitarían alrededor de 200 clínicas especializadas en obesidad y sobrepeso, además de recursos económicos suficientes para invertir en investigación y en medidas de prevención.

Durante seis semanas de las vacaciones de verano, niños con obesidad –no mórbida– de la Ciudad de México, y de la Zona Metropolitana con posibilidades de acudir al hospital una vez a la semana, son seleccionados para recibir apoyo en el camino de perder peso y así tener una vida más saludable.

La doctora Teresa Siliceo Bernardi, jefa de la Clínica de Obesidad en el HIMFG, advierte que existe “relación totalmente directa” entre consumo de los productos ultraprocesados y la presencia de exceso de peso.

Es por ello que destaca que a lo largo de las seis sesiones, los pequeños y sus madres aprenden de forma didáctica que la obesidad es una enfermedad silenciosa que impacta en la calidad de vida, a leer las etiquetas de los alimentos no nutritivos y altamente energéticos, las consecuencias de consumirlos y a llevar una dieta balanceada.

Los niños, afirma, “empiezan a empujar una modificación de hábitos a su alrededor”, pues entre sus círculos familiares y escolares difunden el mensaje de los beneficios de la alimentación saludable.

Antes de formar parte del Grupo Paidos, consumían “pura azúcar”, dicen entre risas los niños de entre 10 y 12 años al terminar sus actividades en el hospital. Ahora, comparten a este medio digital, comen frutas y verduras porque es más saludable y evitan enfermedades como la diabetes.

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