22 septiembre, 2020

Monseñor Teodoro Enrique se sintió amado por su pueblo, al que le entregó el corazón: LPM

**La medalla Antonio de León 2020, post mortem, fue para quien fuera obispo de Huajuapan durante 19 años**

NATHALIE GÓMEZ/@Nathalie_fx

Huajuapan de León, Oax.- Por la labor altruista que hizo en favor de la comunidad huajuapense, que fue de gran trascendencia, Monseñor Teodoro Enrique Pino Miranda, fue galardonado con la medalla General Antonio de León 2020, post mortem.

Lorenzo Pino Miranda, su hermano, recibió la medalla en su honor, quien compartió que, desde su nacimiento, el médico vaticinó que Teodoro Enrique sería presidente de la república o sacerdote, así que recomendó a sus padres “cuídenlo mucho”.

“Durante su infancia y adolescencia fue breve su estancia con la familia por su ingreso al Seminario. Mis padres jamás tuvieron una queja de él; se distinguió por ser trabajador, ya como sacerdote, por el trabajo ordenado y programado; quiso tanto a su pueblo como al pueblo de Huajuapan, al que se entregó”, dijo su hermano.

Siempre supo aprovechar los talentos que Dios le dio, su buena voz para el canto, su carácter para guiar y la dirección para las comunicaciones sociales.

“Gozó de los platillos regionales de Sonora y de Huajuapan, como el mole oaxaqueño, de acompañar a los pueblos en sus fiestas patronales, se sintió amado por ustedes y sin dudarlo, les entregó su corazón por completo, cosa que agradecemos mucho”, dijo.

Así lo hizo, tras recibir la medalla que le colocó la presidenta municipal Juanita Arcelia Cruz Cruz en sesión solemne y pública de cabildo, que también presenció el presbítero Rogelio Palma, administrador de la Diócesis de Huajuapan.

Teodoro Enrique Pino Miranda, nació el 1 de diciembre de 1940, en Cucurpe, Sonora, cuyos padres fueron Ramón Pino García y Ramona Miranda Valenzuela.

Recibió la relación sacerdotal el 2 de abril de 1972; su Santidad Juan Pablo II lo nombra obispo de la Diócesis de Huajuapan el 2 de diciembre del 2000, tomando posesión el 31 de enero de 2001; falleció el 2 de julio de este 2020.

“Hombre de voluntad audaz, pensaba que todo era posible, que nada podría ser obstáculo para la realización de un sueño y estaba consciente de que habría que sembrar mucho para cosechar en abundancia, encabezó una Diócesis que respondía a las exigencias actuales”, leyó el secretario municipal, Ulises Cuauhtémoc Reyes Martínez.

Consciente de que todo tiene un tiempo, se angustiaba porque el cáncer de médula que le aquejaba, le hizo enfrentar grandes batallas, pero también le ayudó a preparar su retiro, rindiendo un informe detallado de todo su trabajo para entregarlo a su sucesor.

Ayudó en muchas causas, consolidó el hospital Rafael Amador, la casa del Señor de los Corazones, la Casa de Comisiones, Cáritas, Comunicaciones Sociales, instaló una cabina profesional de grabación e impulsó los medios de la Diócesis.

Propició la creación de la casa del migrante y personas de bajos recursos; el comedor Betania para adultos mayores, disponiendo para su apoyo, que las ofrendas de las misas dominicales fueran en especie.

Instaló centros de formación, elaboró contenidos doctrinales, fortaleció con 225 visitas pastorales y encuentros, la relación entre integrantes de la Iglesia, erigió cuasi parroquias, parroquias y formó 45 sacerdotes.

Siempre estuvo atento y preocupado por la educación basada en valores, que promovió con padres de familia, profesores y alumnos, párrocos y también con medios de comunicación locales y regionales, a quienes unificó y guio con el mensaje de hacer una labor responsable, ética y en favor de la comunidad.

Gracias a él, periodistas y comunicadores celebran el 24 de enero de cada año a San Francisco de Sales, su patrono.

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